De las multinacionales al ecosistema local: cómo impulsar el talento de San Luis a través de la innovación abierta

26 de octubre de 2026
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Un Trabajo Final Integrador presentado por Pablo Robledo para la especialización de Gestión y Vinculación Tecnológica analizó el modelo Wayra de Telefónica, que aporta fondos a empresas emergentes para beneficiarse mutuamente. En su tesis, el autor propone una hoja de ruta para articular a las universidades, PyMEs, startups y el estado provincial en una red de desarrollo. Destacó la potencialidad y el talento local, pero advirtió que faltan mecanismos de intermediación, estructuras de gobernanza y financiamiento. 

En un escenario global donde el conocimiento se encuentra fragmentado, en varios casos las grandes corporaciones y los emprendimientos dejan de competir en aislamiento para comenzar a colaborar. Bajo esa premisa, el Lic. Pablo Robledo presentó su Trabajo Final Integrador para la Especialización en Gestión y Vinculación Tecnológica de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), en el que su objetivo fue ver la factibilidad de replicar en la provincia el modelo de innovación abierta diseñado por la multinacional Telefónica, que posee un fondo de capital de riesgo para invertir en startups (empresas emergentes que apunta a crear un nuevo producto y servicio) y generar negocios en conjunto. 

El caso de Wayra

Robledo señaló que estructuró su investigación en dos ejes. El primero fue analizar en profundidad el caso de Wayra, que nació en 2011 como aceleradora global de Telefónica y evolucionó hacia un modelo de fondo de capital de riesgo cuyo objetivo no es solo financiar startups tecnológicas de América Latina y España en etapas tempranas (fundamentalmente en áreas tecnológicas), sino posibilitar que estos emprendimientos se conviertan en proveedores o vendan sus productos y servicios directamente a la base global de clientes que tiene la compañía.

“Las grandes corporaciones tienen un problema: sus departamentos de Investigación y Desarrollo (I+D) son lentos y costosos. Las startups, en cambio, son ágiles y desarrollan soluciones en meses”, explicó Robledo. En 2023, la cartera de startups impulsadas por Wayra generó más de 6,6 millones de dólares en ingresos para Telefónica, consolidando un esquema en el que la corporación gana eficiencia e innovación disruptiva, mientras el emprendimiento obtiene tracción comercial y credibilidad. 

“La innovación abierta es importante porque reconoce un hecho fundamental: el conocimiento útil está distribuido. Las  empresas pueden y deben usar tanto ideas externas como internas para llegar al mercado. La innovación abierta no es un juego de suma cero. Es un círculo virtuoso donde todos ganan: la corporación, la startup y la comunidad”, señaló.

Este concepto tiene un fuerte impacto en empresas tecnológicas. Entre las más beneficiadas están las que trabajan con Inteligencia Artificial Aplicada (IA que resuelve problemas concretos de negocio); Internet of Things (IoT) o Internet de las Cosas, la red de objetos físicos que están conectados a internet y procesan datos en tiempo real; Ciberseguridad; Fintech y Tecnología Regulatoria (soluciones tecnológicas aplicadas al cumplimiento automatizado de normas legales, fiscales y financieras); y Salud Digital y Bienestar.

Sin embargo, este campo no está limitado solo a las compañías tecnológicas, Robledo destacó que una PyME agropecuaria, una empresa de logística, o una cadena minorista pueden beneficiarse de soluciones desarrolladas por startups. “Lo que cambia es el tipo de solución, no la lógica del modelo”, aclaró.

El diagnóstico en San Luis:  talento pero puentes ausentes 

El corazón del trabajo final de Robledo fue elaborar un diagnóstico del ecosistema tecnológico de San Luis. Para ello procedió a encuestar 28 actores clave de cuatro segmentos: universidades, PyMEs y startups, cámaras empresariales y agencias de gobierno.

“Los resultados fueron reveladores: el 61.6% aplica innovación abierta ‘casi nada’ o ‘muy poco’. Las barreras principales son la falta de canales de comunicación (71.4%), la descoordinación de tiempos (57.1%) y la desconfianza (42.9%). Pero también encontré una disposición enorme a colaborar: el 57.1% de las PyMEs está dispuesto a co-desarrollar, más del 70 por ciento de las universidades considera viables las alianzas estratégicas y el 100 por ciento de las startups locales señaló que su prioridad no es el financiamiento inicial, sino el acceso a clientes reales.

“San Luis tiene un potencial enorme. Tenemos universidades de primer nivel, centros de investigación, un polo tecnológico como el PILP, y una tradición productiva agropecuaria. Lo que falta no es talento. Lo que falta son puentes”; destacó Robledo, quien subrayó que en la provincia se necesitan mecanismos de intermediación, estructuras de gobernanza y financiamiento escalonado.

La importancia de empezar

En su tesis, denominada «Análisis del modelo de innovación abierta de Wayra-Telefónica y su potencial aplicación en el ecosistema tecnológico de San Luis” y dirigida por el Dr. Hugo Tapia, Robledo brinda recomendaciones para fomentar la innovación abierta a nivel local, como establecer un comité mixto universidad-empresa y gobierno, implementar una plataforma digital de encuentro, crear protocolos contractuales estandarizados, realizar ciclos regulares de eventos como hackatones y demo days  y ofrecer programas de capacitación, entre otras medidas. 

“La clave es empezar con algo pequeño pero concreto. Un piloto AgTech (Tecnología Agropecuaria, por sus siglas en inglés)  de tres a cinco proyectos. Si funciona, se escala. Si no, se aprende. Pero hay que empezar», afirmó y agregó: “En San Luis, el sector AgTech es el más prometedor, porque combina nuestras fortalezas regionales: agricultura y tecnología».  

“No se necesita una ley millonaria ni un fondo de inversión gigante para empezar. Se necesita voluntad, coordinación y un primer piloto”, agregó.

El rol del Estado y las universidades

Robledo destacó que el Estado tiene un rol clave en la innovación abierta. No debe asumir un papel protagónico, pero si facilitador. “Las empresas no innovan por filantropía. Lo hacen porque les conviene. Pero el Estado puede reducir los costos de transacción y los riesgos que frenan esa colaboración”, dijo.

Señaló que el sector estatal debe generar un ambiente propicio con políticas de innovación, incentivos fiscales para I+D, fondos, protocolos contractuales estandarizados, ventanillas únicas para trámites de vinculación tecnológica, marcos regulatorios ágiles, líneas de crédito específicas para pilotos, fondos semilla para proyectos universidad-empresa, y  ser cliente de startups (como lo es Telefónica). Además, afirmó que la medición y evaluación de los procesos es esencial. “Sin métricas claras, no se puede saber si las políticas funcionan”, señaló.

Subrayó que el Triángulo de Sábato ayuda a conceptualizar mejor la innovación abierta en la realidad. ”El triángulo tiene tres vértices: el gobierno, la infraestructura científico-tecnológica (universidades, centros de investigación) y el sector productivo (empresas). Para que haya desarrollo, los tres vértices deben estar articulados”, afirmó. 

Las universidades también juegan un papel relevante, no sólo como generadora de conocimiento, sino como articuladora: “Puede hacer scouting de startups, organizar eventos de confianza, facilitar la vinculación con PyMEs. La universidad no solo investiga: también tiende puentes”.

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