Sismos en el norte de Sudamérica: la clave de lo que no vemos

12 de agosto de 2026
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Un rompecabezas tridimensional entre las placas de Nazca, el Caribe y Sudamérica desafía lo que sabemos sobre los terremotos. El Dr. Andrés Richard, investigador del Conicet y docente del Departamento de Geología, y la Dra. Silvana Spagnotto especialista en geofísica, investigadora del Conicet y  docente de la FCFMyN, analizan cómo los procesos en el interior de la Tierra determinan el nivel de daño en superficie y la importancia de la inversión científica para mitigar sus efectos.

El terremoto del 10 de agosto en Colombia nos deja un mensaje claro, la complejidad del fenómeno sísmico, incluso en distancias que consideramos cercanas.

El norte de Sudamérica es un complicado rompecabezas en 3 dimensiones donde interactúan la placa de Nazca, la placa del Caribe y la placa Sudamericana.

Si bien mucho se ha hablado del terremoto de Venezuela (Mw 7.5) del 24 de junio, el terremoto de Colombia (Mw 7.4), cuyo epicentro fue la ciudad de San José del Palmar, Chocó, tiene características muy distintas en su origen y también así es el nivel de daño que ha producido, a pesar que las magnitudes han sido similares.

El terremoto de Venezuela fue un terremoto superficial (alrededor de 15 km de profundidad); en cambio, el terremoto de Colombia tiene una profundidad intermedia (alrededor de 100 km de profundidad). Esto no es menor y cuenta una historia que aún en estos momentos está siendo debatida por la comunidad internacional.

¿Cómo es posible que a 100 km de profundidad, donde hay gran presión y altas temperaturas, puedan desencadenarse estos eventos?

Los sismos intermedios o profundos tienen su origen en procesos de deshidratación que debilitan las rocas y que permiten que aun a esas profundidades las fracturas sigan siendo frágiles.

La importancia de lo que vemos y lo que no vemos.

Para el caso de los sismos superficiales, las fallas y evidencias pueden medirse en superficie, con relevamientos y estudios de campo. Sin embargo, para los terremotos intermedios y profundos debemos basarnos en evidencias indirectas y equipamiento muy sensible que nos permita interpretar la dinámica del manto y de las losas subducidas. Estamos en la frontera del conocimiento en ese sentido y hay un esfuerzo de la comunidad científica para arrojar luz sobre estos problemas.

En la medida que aumentamos el conocimiento sobre estas fuentes sismogénicas, podemos prepararnos para afrontar esta amenaza. La capacidad de determinar cuál es la mayor magnitud que puede alcanzar un sismo en una determinada región, cuáles fueron los eventos históricos registrados y cuáles son las fuentes potenciales son preguntas necesarias para conocer el fenómeno y mitigar los efectos. La presencia de una mayor y sostenida inversión en ciencia y tecnología nos permitirá construir ciudades más resilientes y podremos evitar mayores pérdidas.

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