Conocer las entrañas de la tierra: ¿Qué secretos esconden las sierras de San Luis?

Augusto Morosini. Dr. En geología. Depto. De Geología FCFMyN. Director del Proyecto “Estudio de la estructura cortical en la provincia de San Luis usando técnicas geofísicas y geológicas”.

Un equipo de investigación liderado por el Dr. Augusto Morosini, estudia las particularidades de las formaciones geológicas de San Luis, su origen y evolución histórica. Para hacerlo, emplean técnicas geológicas y geofísicas que les posibilitan saber más sobre el paisaje que nos rodea.

El grupo de investigación tiene múltiples inquietudes y cada una de ellas implica desafíos técnicos y científicos que se ponen en juego sobre el territorio. Trabajan en zonas diversas y con particularidades bien marcadas. Por ejemplo, estudian las estructuras más antiguas que se formaron hace 450 millones de años o más, así como las actuales o más modernas, y de ambas, analizan lo que es visible como lo que se esconde en el subsuelo.

Emplean técnicas geofísicas que permiten ver e interpretar el subsuelo sin perforar el terreno, Morosini explica que “dentro de estas técnicas hay por lo menos dos o tres que son las más importantes, una es la geoeléctrica con la que aplicamos corriente en el terreno y podemos conocer la respuesta del subsuelo para poder modelizarlo. También la sismología nos posibilita aprovechar los sismos naturales y a través de estaciones sismológicas detectar esas señales y conocer aproximadamente, qué es lo que está pasando en el interior de la tierra”.

Pero no se limitan solo al empleo de estos recursos. Hacen uso además, de otras técnicas como la gravimetría y la magnetometría a través de las cuales pueden identificar las diferencias de los materiales presentes en el terreno y optimizar así, el modelado de las estructuras en la profundidad.

El equipo es multidisciplinar y distribuyen sus objetivos de investigación a lo largo de un amplio territorio. Morosini relata que hay gente que trabaja en zonas más modernas como es el frente de levantamiento de la sierra de San Luis“ es una zona muy interesante para investigar porque hay estructuras modernas que se concentran ahí. Por ejemplo, todo el borde de la Serranía del Lince, pasando por las sierras de La Punta, Villa de la Quebrada y Nogolí”, comenta.  Otra parte del grupo trabaja sobre el basamento, es decir, sobre las rocas que forman las sierras y cuyas estructuras son más antiguas. Particularmente se concentran en la zona de El Morro, Pampa de Invernada, La Carolina y San Martín. 


El trabajo científico en geología implica tiempo, dedicación y esfuerzo. Las campañas son extensas, suponen largas y complejas caminatas, tomas de registros y mediciones que suelen verse supeditadas a las condiciones del tiempo. “Lo que podemos ver en superficie es muy poquito y cuesta mucho trabajo estudiarlo porque muchas veces los accesos a las áreas de estudio son dificultosos, es un trabajo rutinario que lleva mucho tiempo. Sumado a ello, hay un porcentaje alto de lo que está aflorando en superficie que aún no está bien investigado, lo que vemos, es muy poco. Lo que está oculto en el interior de la corteza es aún un paradigma y el uso de métodos geofísicos nos permiten desentrañar ciertas cosas”, cuenta.

Pese a la complejidad de la tarea, algunas de las investigaciones han arrojado datos significativos que contribuyen a enriquecer la literatura científica existente y además, aportan datos que son centrales para la toma de decisiones vinculadas a políticas públicas. Hace poco tiempo, a través de una investigación de una estudiante que actualmente desarrolla su tesis doctoral, y utilizando una estación sismológica instalada en el camping de la Florida, se pudieron analizar sismos provenientes de lugares muy lejanos y se logró determinar que el espesor de la corteza debajo de San Luis tiene aproximadamente 43 kilómetros.  “A veces no podemos delimitar los detalles de las estructuras, pero sí, a grosso modo, podemos resolver estas incógnitas que son parte de la evolución del conocimiento”, resalta. En ese sentido, el proyecto también ha contribuido con datos de investigaciones de grado y doctorales que posibilitan identificar posibles acuíferos en zonas donde el agua es un recurso escaso.


El grupo tiene objetivos, propósitos y desafíos diversos. Uno de los retos implícitos en la tarea que desarrollan, tiene que ver con trascender las barreras del tiempo geológico. Al estudiar estructuras antiguas y modernas, deben acomodar las metodologías que el paisaje les impone. Otra complejidad que enfrentan, es el acceso a la tecnología de medición para lo que establecen vínculos y acuerdos con instituciones científicas de provincias vecinas. El ingenio y la pasión por la tarea, lo impulsa a la búsqueda de las mejores alternativas para dar respuesta a estas necesidades.

Ciencia joven

Todos los proyectos y procesos de investigación son un escenario clave para la formación de recursos humanos. Morosini destaca el valor que los jóvenes estudiantes de grado y posgrado tienen para el proyecto. Asegura que son ellos quienes garantizan el desarrollo de las propuestas investigativas. “Cuando organizamos y armamos el proyecto lo hicimos con una visión y una idea de que los pibes y las pibas que se están por recibir puedan, de alguna manera, encarar en sus trabajos finales algunos de los problemas que tenemos que resolver, por ejemplo, la sismicidad en San Luis. Ahora tenemos datos nuevos, antes no había datos confiables porque dependíamos de los registros de Mendoza o San Juan. En este momento estamos empezando a recoger datos locales, con nuevos equipamientos y son los estudiantes quienes toman esos registros y están aprendiendo las técnicas para procesar esos datos”, concluye.

Nota: Unidad de Cultura Científica más Innovación (UCC+i) | FCFMyN